El Cuplé Llegó a lo Político - Federico Holzmann

Una crítica a la transformación del debate político en espectáculo, donde los problemas estructurales quedan relegados frente a consignas y eslóganes.

Federico Holzmann

3/19/20263 min read

Estamos siendo espectadores de un verdadero concurso de agrupaciones, distinto a los que acostumbramos ver en el carnaval tradicional, hoy no es la voz grave popular: se trata de nuestros representantes envueltos en polvo y algarabía del tablado, con buena ropa y buen perfume.

Hace varios años que la política viene sufriendo un proceso de deterioro marcado en todos los aspectos, demostrando que no hay proyección, no se busca una estabilidad económica que permita el desarrollo de sus pobladores, por el contrario estos están fuera de discusión y no aparecen como prioridad para los Gobiernos de Turnos.

Estas últimas presentaciones nos han demostrado qué tan lejos están las políticas de buscar propuestas que den soluciones a los problemas de fondo, algunos con más de 70 años.

Es preocupante ver que la discusión pase por un pasacalle “El Gobierno te Mintió”, cosa que pareciera ser la nueva realidad: hermosos eslogan de campaña para luego no cumplir ninguna.

Los letristas están más preocupados por si se declara la sequía, si las OPV llevan 60% de construcción total o parcial, si el agua para Montevideo estará para este periodo o seguirá esperando por 52 años más.

Sufrimos la sequía más grande de la historia y no supimos confeccionar medidas y herramientas que permitan disminuir el impacto de la misma. Es solo una decisión política: una opción de seguros que cubra los costos de producción a un precio razonable y ágil, esto permite que el entramado social rural pueda subsistir y no endeudarse esperando su lenta desaparición.

Un capítulo para las guerras: supimos pagar los altos costos en las importaciones de todos los productos, incluso en los combustibles. No fuimos capaces de crear herramientas que permitan soltar los sobrecostos de las ineficiencias del Estado, uno de los productos que generan competitividad.

No se discute la productividad y eficiencia, siendo el freno principal el propio Estado. Competencias que solo su decisión y gestión lo hacen posible. La caminería rural destruida en casi el 70% del país, un ordenamiento territorial inexistente, crucial para la confección de rutas que permitan la libre circulación y optimización de tiempo en el transporte. Puertos inoperables, sin acceso ni dragado, cortando desarrollo posible al noroeste del país.

No escapan a los malos indicadores la educación, salud y seguridad. Llegando esta última a llevar una fiscal al parlamento y, en sesión cerrada y de carácter reservado, advirtió que el narcotráfico coquetea con las altas esferas de la política nacional, pero no encuentras ningún pasacalle de este tema.

No estamos en guerra, pero así parece. El caos se encuentra en cada lugar que el ciudadano vive, llevándonos al extremo de parecer los culpables de este caos.

Si tienes el sueño de la casa propia, el Estado te la proporciona luego de 2 años de espera, te cuesta el valor de dos casas y al contribuyente, por medio de sus impuestos, pagará tres.

Si el problema es el narcotráfico, nuestros hogares son la herramienta con el allanamiento nocturno. Si las rutas se encuentran dentro de las ciudades, el ciudadano es el culpable: solución, multas.

Emprender no es viable. El Estado crea ONG con sueldos mínimos que además no generan aportes. Estos lucen lindos en los registros de empleo y la realidad es que no son trabajos de calidad. Nos hacemos trampa al solitario.

La pérdida de libertad que sufrimos está siendo completamente invalorada, tanto que se viola la Constitución y la ley y lo permitimos.

Esta es la lógica a la cual se enfrenta el Uruguay, lejos de generar bienestar a sus ciudadanos. ¿Cuánto podemos continuar así? Más arriba detallaba: llevamos al menos 70 años. Ya es responsabilidad nuestra, no fue un tiempo, ha sido la vida de muchos.