EL TRIÁNGULO DE 4 LADOS - Daniel García

Un análisis sobre los principales problemas estructurales del Uruguay, cuestionando el crecimiento del Estado, el funcionamiento del sistema político, el rol de los sindicatos y la inseguridad, planteando la necesidad de reformas profundas impulsadas desde la ciudadanía.

Daniel García

3/19/20264 min read

Contradicción (Lógica):
Afirmar que un objeto es un triángulo y tiene cuatro lados es una falsedad lógica por definición, pues un triángulo se define por tener exactamente tres lados y tres ángulos.

Queda bastante claro que la referencia del título es un imposible, que la más pura lógica nos advierte, aunque nuestro mundo y el tiempo que nos toca vivir, parece desafiar la lógica, el sentido común y el más simple razonamiento.

En realidad me quiero referir a algo más problemático, según creo y de mayor trascendencia, que es considerar cuanta viabilidad tiene el Uruguay como tal, salvo que en verdad encaremos algunas reformas impostergables.

Estas reformas, por lo que muestra el sistema político, son difíciles que se hagan, ya que ni siquiera está en el pensamiento de ninguna figura, tampoco en agendas partidarias y ni siquiera una pequeña señal en algún programa, por lo que el camino a recorrer parece quedar en manos de iniciativas ciudadanas.

Uruguay hace décadas no para de crecer en el tamaño del estado, en las funciones y tareas que desempeña, lo que lleva implícito, un aumento desmedido del gasto, que requiere de recursos, léase tributos, utilizando todas las alternativas, superando la realidad a la ficción, que nos planteaba en un programa cómico, el personaje conocido como “el chicho”, quién no paraba de inventar impuestos.

Hoy la carga tributaria que soportamos, la extracción de recursos de la sociedad, se ha transformado en una máquina trituradora insaciable, que mal gasta y despilfarra, que tiene un organismo como el Tribunal de Cuentas, para controlar que compra y como gasta el Estado y que nadie obedece en sus resoluciones.

Ahí tenemos ya dos problemas a atender, el tamaño del estado y las verdaderas funciones del Tribunal encargado de supervisar en que y como se gasta.

Un sistema político que discute horas sobre temas que no le cambian la vida a nadie, se ha transformado en una entidad que acumula desprestigio, falta de confianza y hastío, de una población que espera otra cosa, que se despierta en cada campaña electoral a caballo de una demagogia luego incumplida.

Ha llegado el momento de revisar si es necesaria la cantidad de parlamentarios actuales, si los cargos de confianza, gastos asignados, salarios, autos oficiales y demás beneficios, están acordes al tamaño del país, los recursos disponibles y la velocidad y ejecutividad que Uruguay requiere en este mundo de velocistas, pasando a ser esto un tercer problema.

La competencia expone a diario, el tener que agudizar la creatividad de la sobrevivencia, cuando somos testigos en vivo y en directo, como empresas internacionales, con muchos años en el país, un día deciden retirarse, dejando una cantidad de trabajadores en el camino, siendo muy evidentes las causas de esas decisiones.

Costos elevados, interferencias sindicales y reclamos fuera de control, hacen parte del combo que estas empresas evalúan para su permanencia, si el clima laboral comienza a ser interferido y plantear obstáculos que resultan insalvables, tomarse el avión y marcharse es lo que presenciamos, por ahora sin reacciones, salvo la del ministro Castillo, que solo atina a que le avisen con tiempo la salida.

Ahí tenemos un cuarto problema, que es la acción de los sindicatos y su anarquía descontrolada, con una influencia desmedida y desproporcionada en sus funciones, que reclama una urgente actualización, personaría jurídica, balances auditables, voto secreto en la elección de autoridades y para accionar conflictos.

Vemos dirigentes sindicales a diario en la televisión, radios, revistas y diarios, dando su opinión de cualquier asunto, pero no nos consta, a que hora trabajan y cómo es que se les pagan salarios, muchos del mismo estado, en una irregularidad manifiesta que nadie responde, ¿para que se les contrató?

La inseguridad es un problema que ocupa a diario más de media hora de cualquier informativo, dónde las ejecuciones y ajustes de cuenta ya son como el pronóstico del tiempo, sólo contabilizamos o nos horrorizamos por la crueldad y la impunidad con la que se producen sin que haya un lugar a salvo.

Asistimos a una discusión interminable desde hace más de 20 años, sin que el asunto tenga arreglo, siendo que sucede todo lo contrario, el tema se agrava, cada vez hay más cárceles y presos, la violencia no distingue, clases sociales, sexo, eventos o espectáculos, sabiendo que tenemos barrios que parecen zonas de guerra.

La sociedad, por lo menos la que mantiene cierto instinto de sobrevivencia, exige que se implementen otras medidas, cuando son testigos, por ejemplo, que un jefe de una banda de narcos, es enviado a prisión domiciliaria con una tobillera, lo que parece una burla de la justicia, más cercana a la delincuencia, que a su simbólica y olvidada balanza.

Ya es hora de cambios en nuestro sistema carcelario y de penas, por el cual los presos deben trabajar, las reincidencias deben pagar, los delitos graves tienen que aplicar penas más duras y la justicia necesita una revisión integral de sus procesos, por lo cual debemos exigir a los legisladores sus responsabilidades en estos temas o demandarlos en las urnas.

Esto es un repaso rápido de algunos problemas graves que el Uruguay atraviesa, parece muy definitivo hoy, que debe haber un movimiento ciudadano que impulse y sacuda a una sociedad abrumada, con síntomas de estar “desnorteada”, como ya dijimos en nota anterior y que en un genuino acto de iniciativa interpele a un sistema político que debe retomar sus responsabilidades.

Esperar otra cosa, solo nos va a llevar a ese péndulo en el que Uruguay se mueve hace décadas, casi como un eco parece escucharse, “tómala vos, dámela a mi…”, lo que nos deja a merced de apostar a “el triángulo de 4 lados”.