LA VENGANZA QUE NO TERMINA - Carlos Gabino Testa Brunereau des Houilléres

Una reflexión sobre el peso del pasado, el resentimiento político y la dificultad de construir paz cuando el odio persiste en el tiempo.

Carlos Gabino Testa Brunereau des Houilléres

3/19/20262 min read

Ningún milico viejo está preso por su actuación en la dictadura. Esto es una gran patraña; una mera justificación.

Procesarlos y meterlos en prisión es la forma en que pueden canalizar el odio visceral que les dejó la dictadura y así castigarlos en tiempos de paz.

Es un odio viejo, rancio, pero muy vivo…

Un resentimiento que atraviesa generaciones

Hoy, sectores de la política nacional aborrecen el uniforme. Sobran ejemplos de ello. Está en su ser más profundo. Es inevitable sentir ese rencor cuando ha sido inculcado desde siempre.

Nace hace muchísimos años atrás, del desprecio a la autoridad inherente a la rebeldía. Autoridad que debía accionar como obstáculo ante los objetivos revolucionarios que se estaban proponiendo como la nueva moda en la región.

La espiral del conflicto

Y así comenzaron los tiempos de guerra.

Allí surgió y se prolongó el ataque armado donde se secuestró, apresó y asesinó a policías, civiles y militares, que eran hijos, hermanos y amigos de alguien…

Y también murieron, encarcelaron y desaparecieron subversivos, que por supuesto eran hijos, hermanos y amigos de alguien…

Sólo dos cosas tenían los bandos en común: nacieron en la misma patria… y el odio que se alimentó a medida que morían sus camaradas y amigos.

Odiar se hizo muy fácil.

Lo difícil sería salir de esa espiral y convivir en paz en el país que aún continuaría siendo de ambos.

La paz que no logró cerrar heridas

El odio en la guerra se traduce en muertes.

Justamente por eso la paz demanda la grandeza de dejarlo a un lado, de perdonar… la amnistía.

Pero ese sentimiento en la paz no pudo resignarse a la extinción.

No.

Tenía que barrer con la última ley reafirmada dos veces por la ciudadanía que les quitaba la revancha de la boca.

Había que hacerlos pagar.

Pero ya sin guerra.

Sólo quedaba, al menos, quitarles la libertad.

Justicia o revancha

Ese odio tenía que reír por último.

Tenía que meter presos como sea a los que aún estuvieran con vida, ya que el tiempo se les había adelantado en la mayoría de los casos.

No es la Justicia.
No es la evidencia.
Ni mucho menos los testimonios.

Quien encarcela a los viejos milicos es una fuerza inmaterial demasiado vieja y tenazmente feroz, que no supo vivir en paz sin reclamar satisfacción.

La verdadera protagonista

Es adictiva y contagiosa.
Inmoral y peligrosa.
Cobarde y mentirosa.

Disfrazada de derechos humanos.

Y aun así, veneno que corrompe el alma del que la abraza.

Venganza.

La traicionera.

La que nunca se da por vencida.

Y cuidado: no le es fiel a ningún bando.

Sólo quiere mantenerse viva.

Y cuando termina de consumir a unos, no le hace ningún asco a montarse en el corazón de los otros para asegurar su supervivencia…