LAS PATRULLERAS OCEÁNICAS, O CÓMO LA SEGUNDA GUERRA FRÍA YA SE INSTALÓ EN EL FRENTE AMPLIO - Roque García

Un análisis sobre cómo la disputa global entre potencias impacta en decisiones locales y revela tensiones internas en la política uruguaya.

Roque García

3/19/20263 min read

Esta nueva guerra fría no es ideológica: es de intereses. No enfrenta el capitalismo contra el comunismo, sino a dos potencias —Estados Unidos y China— que se disputan el dominio del conocimiento, la tecnología, los recursos naturales y, sobre todo, del mar.

Hace unos quince años, la administración Obama cambió el eje estratégico de Washington hacia el Pacífico. China, que hasta entonces crecía en silencio, se convirtió en el centro de atención. Desde entonces, ambos gigantes compiten en inteligencia artificial, en el control de las llamadas “tierras raras” y en la capacidad de fabricar y lanzar misiles.

La guerra en el mar

Los buques modernos lanzan misiles desde celdas verticales que no se recargan en alta mar. Disparan su salva —20, 40, 100 misiles— y deben volver a puerto. La potencia naval se mide, entonces, por cuántas de esas celdas tiene cada flota.

En 2005, la marina china tenía apenas el 1,5 % de la capacidad de lanzamiento de la estadounidense. En 2015 ya era 13 %. Hoy supera el 50 %. En menos de dos décadas, China pasó de una flota costera a una flota oceánica moderna, mientras los buques norteamericanos envejecen. Muchos analistas creen que un conflicto por Taiwán es solo cuestión de tiempo. Pero, mientras tanto, la segunda guerra fría ya está en marcha.

¿Y qué tiene que ver Uruguay con todo esto?

Mucho más de lo que parece. Desde hace décadas, barcos extranjeros pescan en nuestro mar territorial. Algunos con permisos dudosos, otros directamente sin permiso. Las pérdidas se estiman entre 50 y 100 millones de dólares al año. No sabemos qué ni cuánto pescan, porque no tenemos cómo controlarlo. Y así, cada noche, nos roban el pescado y el futuro.

Ante esta realidad, Uruguay decidió comprar patrullas oceánicas, las famosas OPV. Una decisión sensata. Pero ahí entró la política: ese arte nacional de convertir lo lógico en imposible.

La decisión política

El sistema político uruguayo, profundamente desconfiado de todo lo militar, quiso gastar poco. Una OPV nueva cuesta entre 70 y 200 millones de dólares. Nosotros abrimos una licitación por dos barcos por apenas 100 millones.

China ofreció dos por 160 millones y, al bajar a 130 manteniendo prestaciones, parecía razonable. Hasta que intervino Estados Unidos.

Washington no quería que Uruguay comprara equipamiento militar chino. El argumento fue técnico (“problemas de software”), pero todos saben que la verdadera razón era geopolítica: comprar armas también es elegir bando.

Así que Uruguay retrocedió. Apareció Noruega con patrulleras usadas y, finalmente, terminamos eligiendo a Cardama, una empresa española sin experiencia militar, pero más barata.

Mientras tanto, Italia —miembro de la OTAN— encargaba una sola OPV nueva por 206 millones. Nosotros pretendíamos dos por menos de la mitad.

China, por supuesto, tomó nota.

La dimensión geopolítica

En el lenguaje de las potencias, no existe el “no pasa nada”: cuando un país las desaira, hay consecuencias. Se cobran a través de aliados locales, de presiones económicas, de diplomacia indirecta.

Y en Uruguay, los aliados de Pekín no son un misterio: el Partido Comunista, sectores del MPP y buena parte del sindicalismo.

¿Casualidad que justo ahora tengamos conflictos en la pesca y en el puerto? Puede ser. O no.

Una grieta interna

Esa división también llegó al Frente Amplio. De un lado, economistas como Oddone, que sostienen que Uruguay no tiene nada que hacer con los BRICS. Del otro, el PCU y parte del MPP, fascinados con la idea de un nuevo bloque “antiimperialista”.

El FA tiene su propia guerra fría interna: Washington contra Pekín, versión local.

Y en el fondo, lo que se discute no es una licitación: es la orientación estratégica del país.

¿Seguimos nuestra tradición occidental o nos alineamos con el bloque asiático? Cada decisión tiene un precio.

¿Por qué Uruguay llegó a esto?

Uruguay está en este berenjenal por tres razones.

Primero, por querer comprar barato. Hubiera sido mejor gastar 300 millones y tener dos OPV europeas, sólidas y respaldadas. Lo barato está saliendo caro. Una empresa sin experiencia en defensa difícilmente logre conseguir garantías de cumplir un contrato así. Amigos: compramos dos al precio de una.

Segundo, porque darle 300 millones de dólares a los militares parece un suicidio político. Ese antimilitarismo infantil nos impide hablar de defensa con seriedad.

Y tercero, por no entender el momento histórico. Porque, seamos claros: no se le pueden comprar armas a China. Pensarlo siquiera fue un error monumental.

Así que, amigos, vayan preparando el mate.

Porque esta fractura dentro del Frente Amplio recién empieza.

La segunda guerra fría ya llegó, y mientras discutimos quién tiene la culpa, unos barcos extranjeros siguen allá afuera, robándonos el pescado cada noche.

Necesitamos lo antes posible cortar con esa sangría, patrullar y proteger nuestros recursos naturales, porque nada podemos esperar que no sea de nosotros mismos. Ya lo sabemos desde hace 200 años.