URUGUAY ¿UN PAÍS SIN FUTURO - Ignacio Supparo

Un análisis sobre la sostenibilidad económica y demográfica del Uruguay, abordando la carga del Estado, el déficit fiscal, el envejecimiento poblacional y los desafíos estructurales que comprometen el futuro del país.

Ignacio Supparo

3/19/20263 min read

Los datos son claramente preocupantes pues nos evidencian que el futuro de nuestros hijos y nietos está muy comprometido, quedando como única opción educarlos en emigración.

Miren ustedes los números y saquen sus propias conclusiones:

Uruguay tiene hoy cerca de 3,5 millones de habitantes.

Dentro de esa población hay aproximadamente 921.000 jubilados y pensionistas, entre el BPS y las distintas cajas (militar, policial, profesional y notarial). Todas ellas son deficitarias y requieren miles de millones de dólares al año provenientes de Rentas Generales, es decir, de los impuestos que pagan los contribuyentes.

Por otro lado, el Estado cuenta con unos 310.000 empleados públicos directos.

Si además sumamos las contrataciones indirectas —tercerizaciones, ONG financiadas con recursos públicos, cooperativas, empresas unipersonales y otros mecanismos— el número de personas cuya actividad depende en gran medida del gasto estatal se acerca a 450.000 personas.

A esto se suman aproximadamente: 646.000 niños menores de 14 años y 209.000 adolescentes, que no generan riqueza ni trabajan en la mayoría de los casos.

Es decir, unos 855.000 menores de edad que naturalmente todavía no participan del sistema productivo.

También hay cerca de 280.000 personas desempleadas (7%).

Si agrupamos todas estas categorías —jubilados, dependientes del gasto público, menores de edad y desempleados— llegamos a aproximadamente 2.506.000 personas.

Pero hay un dato más.

Dentro del sector privado hay también trabajadores con ingresos muy bajos.

Si estimamos que alrededor de 100.000 personas (siendo muy generosos) ganan salarios cercanos al mínimo, su capacidad contributiva para sostener el Estado es prácticamente nula.

Cuando se descuenta ese grupo, queda una base aproximada de 900.000 personas del sector privado que realmente generan la mayor parte de la riqueza del país y sostienen el sistema con sus impuestos y aportes.

En términos simples:

900.000 personas sostienen a 2.600.000.

Esas personas bancan mientras el resto dependen directa o indirectamente de ese sistema.

Eso significa que aproximadamente entre el 20% y el 26% de la población sostiene al 75% - 80% restante.

Pero el problema no termina ahí.

Incluso con esa carga, el sistema no cierra.

El Estado uruguayo tiene hoy un déficit fiscal cercano al 4% – 5% del Producto Interno Bruto.

El PIB de Uruguay ronda los 90.000 millones de dólares, por lo que el déficit anual equivale aproximadamente a 4.000 millones de dólares por año.

Esto significa algo muy simple: cada año el Estado gasta unos 4.000 millones de dólares más de lo que recauda.

Ese agujero se financia de tres maneras: más deuda, más impuestos o ajustes futuros.

Si dividimos ese déficit entre los 900.000 trabajadores que realmente sostienen el sistema, el resultado es muy claro:

cada uno de ellos debería aportar en promedio más de 4.400 dólares adicionales por año solo para cubrir el déficit actual del Estado.

Es decir, más de 360 dólares por mes por trabajador, además de todos los impuestos y aportes que ya pagan.

Y aun así, el problema estructural continúa. No se soluciona.

La deuda pública del país ya supera los 55.000 millones de dólares, cerca del 70% del PIB.

Pero además de estos alarmantes números, Uruguay tiene un gravísimo problema demográfico, siendo además uno de los países más envejecidos de América Latina.

La política anti natalidad llevada a cabo desde hace décadas ha llevado a la tasa de fecundidad a un 1,3 hijo por mujer, muy por debajo del 2,1 necesario para mantener estable la población.

Esto significa: cada vez nacen menos niños, cada vez hay más personas mayores y cada vez hay menos trabajadores para sostener el sistema.

La consecuencia es evidente: más jubilados durante más tiempo, menos aportantes, más presión fiscal, más deuda.

La combinación de envejecimiento poblacional, alto gasto estructural y déficit permanente crea un desequilibrio que crece lentamente.

Es como una grieta en un edificio: al principio parece pequeña, pero si no se corrige a tiempo termina comprometiendo toda la estructura.

Si no cambiamos el rumbo, el Uruguay y sus políticas de Estado de Bienestar y antinatalistas no llevarán derecho al abismo, y a nuestros hijos habrá que enseñarles a hablar inglés para que puedan desenvolverse bien en el exterior.

Políticos uruguayos: ignorar esta realidad no hará que desaparezca. O cambian de timón y corrigen el rumbo o chocarán el barco, con ustedes adentro.